Siempre fui demasiado impulsiva, de no pensar los actos, colgada, cariñosa, fría, malhumorada, odiosa, agradable, afectuosa; sí, siempre contradicción. Nunca pude distinguir claramente entre lo que es hacer el bien o el mal, muchas veces lo pensé y siempre llego a la misma conclusión lo que para algunos está bien, para otros es totalmente lo contrario, todo depende a la visión de quien lo mire. Y… resulto que nuestras perspectivas eran polos completamente opuestos; cuando mas buscamos hacernos el bien, mas nos alejamos del objetivo, mis actos aunque lo contradigas, buenos o malos, siempre fueron parte de mi verdad, y está forzada o con mi consentimiento siempre la dominaste. Sin embargo vos que te mostrabas tan transparente, tan aliado, leal de la verdad y enemigo de la mentira resultaste ser para mí alguien que no conozco. Por supuesto el candidato perfecto para una persona caracterizada por ser excesivamente contradictoria. Admito, hiciste que me considerara lo suficientemente importante para ocupar en tu vida el mayor de los lugares me hiciste creer especial, y ÚNICA y en realidad eso era solo parte de lo que me mostrabas: me deseabas y me elegías me regalabas momentos de sonrisas inolvidables y sin darme cuenta o sin querer darme cuenta, en tu juego de roles vos eras el enamorado en mi realidad y yo la princesa por la que combatías todas las batallas. Pero… en ¿Tú realidad? ¿Realmente eras el que me elegía y me hacia única? Te lo preguntaría, pero sé que en tu travesura que resultaba ser tu vida, solo se presentaría un poco más de magia; y ya no quiero más trucos de ilusiones ópticas, no busco más copias de milagros. Todo esto no me dolía cuando cerraba los ojos y los pensamientos que sucumben mi cabeza me traían recuerdos que se proyectan como una película con canciones románticas de fondo y me enorgullecía por lo vivido, realizada por haberlo vivido, pero sí duele que te abran de golpe los ojos y te encontras con que de tu parte todo era simulación. Y no me enojo con vos porque a pesar de todo me quedo con quien quisiera que fueras y no con quien sos; me lástima que mi ego no me dejara ver que en realidad yo no era tan extraordinaria y que si me perdonabas todo no era por miedo a perderme sino por la culpa que te invadía o que te tendría que irrumpir. Con esto no justifico mis actos, pero no hay mal que por bien no venga, acertada estaba con esa intuición que de a poco nos alejaba. Era lo último que me faltaba para que te fueras enteramente de mí dejar de hacerme la fuerte, sacarme el escudo y dejar de lado el orgullo; llorarte. ¡Que en paz descanses príncipe, ya que fuiste creado solamente para una imitación de historia!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada